domingo, 17 de marzo de 2013

Reivindicando el papel del transporte fluvial español: el caso de la madera



Esta serie de entradas están escritas por los alumnos del Grupo C - MUGIE 2014.

Esta entrada está publicada por Miguel García Peña




Hace unas semanas abordamos en clase la idiosincrasia de la geografía española y su trascendencia en el sistema de transportes que se ha desarrollado a lo largo de los siglos en nuestro país.

Sabemos, por ejemplo, que para acceder a la Meseta Central (donde está Madrid) desde Europa, hay que atravesar los Pirineos y el Sistema Ibérico. Los antiguos romanos, los visigodos, los árabes y los cristianos tuvieron dificultades en la conquista de territorios debido los problemas que los accidentes geográficos y montañosos les ocasionaban. Salvar este tipo de obstáculos también ha procurado, a lo largo de los últimos siglos, una falta de medios de transporte modernos que supuso, a las claras, un importante retraso para el país en el desarrollo de la Revolución industrial.


Rutas fluviales que fueron
 usadas para el transporte de madera
En esta línea, si algo me llamó particularmente la atención es la escasa presencia del transporte fluvial en nuestro país. Así pues, decidí investigar y logré encontrar un interesante documento que reivindica el importante papel que desempeñaron los modestos ríos españoles en el trasporte de madera durante siglos cuando la madera representaba ese oscuro objeto de deseo no sólo de la industria astillera, sino del grueso del sector de la construcción. También era muy demandado en carpintería para la fabricación de envases de madera (necesarios para la exportación de naranjas y vino, entre otros), o para el consumo de traviesas de ferrocarril, postes de telégrafo y teléfono o las vigas en la minería. 

Con anterioridad al trasporte por ferrocarril y carretera una parte de la madera de España fue conducida por los ríos Ebro, Tajo, Júcar, Turia, Segura y Guadalquivir. De ella eran abastecidos los astilleros de Cartagena, Cádiz y Ferrol y representó una actividad habitual desde los tiempos de la dominación musulmana hasta principios del siglo XX.  Así, por ejemplo, las hayas y los abetos bajaban de los Pirineos y los Pinos de la Serranía de Cuenca y de la Sierra de Segura. Por su parte, los “gancheros” eran los operarios encargados de la flotación de los troncos en los ríos y su despliegue urgía de cientos de trabajadores para poder ejecutar correctamente todo el procesos a lo largo de los kilómetros del río en cuestión.

Representación actual de la práctica
ya extinta en un municipio gallego
Hoy en día quedan vestigios de esta extinta actividad en algunas manifestaciones culturales y de folclore de algunas localidades españolas, pero su desaparición fue inevitable a la vista de la llegada del acero en detrimento de la madera, la competencia del sector maderero europeo y las mejoras del transporte, sobre todo del ferroviario.


Podéis descubrir más cosas sobre el transporte fluvial de madera AQUÍ

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