domingo, 7 de abril de 2013

MONOS CON PISTOLAS


Mientras aprendemos agobiados en esta tarde de domingo a responder a, b, c o d, algo muy útil para la vida (¿en qué quieres gastar el tiempo que te ha sido dado?, B, ¿te sientes en control de tu vida?, C, ¿me quieres?, Ninguna de las anteriores), quiero ilustraros en cuestiones logísticas con dos vidas. Podría hablar de Amazon, DHL, de ferias, tratados, contratos, incoterms y conocimientos de embarque, pero no me da la gana. Quiero hablar de nombres, personas, gente que sudaba, tenía halitosis; desayunaba cada mañana con el pijama arrugado; gente que se despertaba a media noche con un ataque de ansiedad y se sentaba en la cama; gente que se quedaba con la mirada perdida frente al espejo empañado del baño. Voy a hablaros de Pablo Escobar, el mayor traficante de cocaína de la historia, y de Arthur Rimbaud, poeta simbolista francés, un genio maldito que para los diecinueve años había cambiado la historia de la literatura europea.
¿Qué tienen en común? Tanto uno como otro decidieron aprovechar al máximo la única vida que tenían, y gracias a la logística, la liaron parda.


Pablo Escobar (1949-1993) nació en Colombia, Antioquía, en un barrio lleno de charcos y chabolas. Un pobre chaval que robaba, si podía, una moto de segunda mano y se la vendía al primo de un amigo por cuatro duros. Antes de cumplir los treinta años, sin embargo, Escobar era el hombre más rico de Colombia, uno de los hombres más ricos del mundo, tenía metido a un país de cuarenta millones de habitantes en el bolsillo (a su poder judicial, a sus políticos, a su policía, a su ejército), era respetado por su vecino del norte, Estados Unidos, proveía el 80% de la cocaína mundial, era senador e ingresaba cantidades cercanas a los dos mil millones de dólares al año. Pablito.
¿Cómo lo hizo? Esto daría para un tratado entero de logística y organización empresarial, pero resumidamente diremos que:

1º. Llegó con escasos veinte años a jefecillo de dos o tres calles de Medellín.
2º. Una vez allí, coordinó a todos los jefes de la droga del barrio, poniendo fin a las disputas que los tenían enfrentados en guerras internas. Acordaron la distribución, el precio y la producción.
3º. Fichó a Carlos Lehder, pieza clave para el futuro cartel de Medellín. Carlos metía en EEUU marihuana, hablaba inglés, se sabía mover; digamos que de pequeño sabía cómo robarle el bollicao al niño del cumpleaños, ese niño mocoso y lechoso, y luego echarle la culpa al de las gafas.
4º. Construyeron un aeropuerto en las Bahamas, al que llegaban las avionetas de Escobar, y desde allí, en buques mixtos, bulkcarreriers, LNG´s, LPG´s, buques frigoríficos, contenedores dry box, open-top, flat-rack de veinte o cuarenta pies, o simples lanchas, tomaban tierra, y una perfecta red de transporte por carretera hacía que la cocaína no faltara a las fiestas de Madonna, Bon Jovi o Elton John.
Así se hizo imprescindible para los demás productores de cocaína. Él era quien tenía las riendas ahora, él metía la droga en EEUU, él fijaba las condiciones y el precio a cobrar por la distribución.
Colombia era un país de 40 millones de habitantes, y un solo individuo con un bigote se lo metió en el bolsillo y lo convirtió en su columpio particular, en su barraca de feria.


Arthur Rimbaud (1854-1891), poeta maldito, niño prodigio, sorprendió a los 16 años a todo el círculo literario parisino con sus poemas, adelantándose a lo que luego se haría norma. Comenzó una relación amorosa autodestructiva con Verlaine, el poeta, que acabó en un disparo por parte de éste a nuestro héroe. Los franceses son muy de hacer estas cosicas. También es verdad que antes no tenían Facebook ni gimnasios. Ahora clicarían like a mala leche y se irían a hacer dominadas. Recuperado de la herida escribió Una temporada en el infierno, hito de la literatura universal, y a los diecinueve años decidió que la literatura sólo le había aportado amargura y un tiro en el hombro, así que le echó sentido común a la vida, abandonó la escritura para siempre y emigró a África, donde se dedicó al tráfico de armas. Llegó a controlar su distribución en una amplia región, lo que le permitió construir una considerable fortuna. Utilizó a la que se convirtió en su amante, una mujer negra de pechos como zepelines, para crear inestabilidad en la zona y asegurar su negocio.

Los dos murieron pronto. Los dos vivieron intensamente. Los dos la liaron parda. Pablo Escobar, Arthur Rimbaud; la logística: como darle a un mono una pistola.

3 comentarios:

  1. Menudos dos ejemplos utilizas para hablar de logística: un asesino y un traficante de armas...

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  2. Este es un blog de logística, amigo, y los dos ejemplos que nos muestra Chaho están muy bien traídos al caso, porque ponen de manifiesto la importancia, a veces sutil, a veces menospreciada, de la logística.

    Tanto Pablo Escobar como Rimbaud, y muchos otros traficantes o maestros del estraperlo, fueron unos genios en este sentido. Ambos consiguieron montar una red de distribución tan poderosa como silenciosa. Para ello, debieron ser buenos conocedores de toda la cadena logística: para poder diseñar la suya con tanta brillantez; debieron conocer las normas y las reglas: para poder romperlas discretamente; y después, controlarlo todo desde sus despachos, que todo fluyera, a su tiempo.

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  3. emmanuel, el mundo está lleno de tipos feos con zapatos bonitos. A mí me apetecía hablar de suelas y cordones. ¿Que si era guapo el tipo que llevaba los zapatos? Pues no lo sé, creo que no, creo que era más bien feo, pero esto se lo preguntas a Teresa y te lo aclara en dos patadas

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